
Parto en el Agua
El agua ha sido siempre un símbolo de maternidad y fertilidad: la vida comenzó en el océano y nuestro hábitat natural durante los meses de gestación es el líquido amniótico. Por ello ya en los años 70, el Dr. Michel Odent, en Francia, dio a conocer a los científicos y mujeres los beneficios del agua en el parto. Casi treinta años después, este fenómeno del parto en el agua se ha expandido notablemente: países europeos como Inglaterra, Francia, Bélgica, entre muchos otros, así como Japón, EE.UU, Australia, ven multiplicarse los centros en donde se práctica este tipo de nacimiento más natural y humanizado.
¿Cómo se lleva a cabo? Según un informe de la Maternidad Acuario, de España, el agua caliente, durante el parto, reduce la producción de adrenalina, hormona que endurece el cuello del útero y retrasa la dilatación. Es por ello que el agua, entonces, acorta el período de dilatación. Además contrarresta la fuerza de la gravedad y reduce la estimulación sensorial, aumentando la producción de endorfinas, hormonas cerebrales que disminuyen la sensación de dolor y hacen olvidar el paso del tiempo.
El Nacimiento en el agua
Cuando la mujer se acomoda en la bañera, se aísla sensorialmente del mundo y consigue una desinhibición en sus movimientos y respiración. En algunas ocasiones, la mujer despierta de pronto de este estado, siendo el reflejo de expulsión y decide salir del agua. Este cambio de temperatura favorece para que la expulsión sea más vigorosa y eficaz (de rodillas, en cuclillas o en la sillita de parto).

